Shangai (China) – Desde 2002, Karl Lagerfeld dedica una colección anual a la conservación del savoir-faire y el arte de la casa Chanel, la cual se presenta en exclusiva en una capital que forma parte o está destinada a dejar huella en la historia de la marca francesa. Esta cita es una extensión de la filosofía de la maison que mima objetos de su tradición como el bisutero Desrues, el plumajero Lemarié, el bordador Lesage, el zapatero Massaro, el modisto Michel, el orfebre Goossens y los arreglos florales de Guillet.

Este año le ha tocado el turno a Shangai donde, a principios de diciembre, Chanel presentó su colección 'Paris - Shanghai'. Es en esta ciudad en constante cambio, teatro cosmopolita con gran expansión cultural, donde la firma ha inaugurado su tercer punto de venta en la China Continental, un espacio de 480 m2.

Como preludio al desfile se proyectó la película "Paris Shangai, Una Fantasía", escrita y realizada por el propio Karl Lagerfeld, donde se retrata el viaje onírico de Coco Chanel a China.

Sobre un pontón de 85 metros, posado sobre el río Haungpu que bordea el Bund, más de treinta modelos  venidas del mundo entero participaron en el desfile. Con los rascacielos de Pudong como telón de fondo, Karl Lagerfeld repasó todo el Imperio Oriental para dar su visión contemporánea de Chanel.

La colección aúna la experiencia de los artesanos parisinos y de los talleres de Chanel al lujo a la francesa. Uno a uno, evoca los "Guerreros de Terracota", las heroínas del cine hollywoodiense, el romanticismo urbano del cine chino, el chic mundano de los años 30 y la opulencia de las cortes imperiales.

Las mangas estrechas esbozan un movimiento de pagoda, la cintura es fina y ligeramente estructurada, los volantes juegan con las superposiciones. Los trajes de chaqueta con cuello mao, las levitas ricamente bordadas, el punto en relieve o los vestidos tubo con lentejuelas en negro, rojo, kaki y azul cielo le dan forma a los hombros y afinan la cintura.

Los accesorios son pendientes largos que encuadran el rostro y unos sombreros anchos puntiagudos posados sobre el pelo. Los collares largos, broches y manguitos casan con opulencia perlas, monedas y piedras.

Como calzado encontramos botas de cuero sobre suelas de corcho con efecto envejecido, botas altas de fieltro bordadas y sandalias con el tacón esculpido. Los bolsos, bordados, de piel o satén, se reinventan en una multitud de colores y se permiten algunas fantasías.